Italia estaba dividida en Estados desiguales en tamaño e importancia y algunas zonas (Lombardía y Véneto) estaban bajo dominio austriaco.
Hacia 1830 se formó un movimiento nacionalista, el Risorgimento, con Giuseppe Mazzini al frente y su organización, la Joven Italia, que planteaba la unificación con la creación de una república democrática, unitaria y laica la que se llegaría mediante una insurrección popular.
En el Piamonte, Cavour, jefe de gobierno, y el rey Victor Manuel II de Saboya, impulsaron una estrategia moderada para la unificación gracias a su consolidación como un Estado fuerte, moderno e industrializado, capaz de poseer un ejército y una diplomacia.
Sin embargo, la unidad italiana resultaría de la complementariedad de ambas estrategias.
Por un lado, Cavour consiguió, con ayuda francesa, derrotar a los austriacos (1859), anexionar la Lombardía y los Estados centrales (1860). A la acción militar se añadió la diplomática, que supuso la cesión de Niza y Saboya a Francia, a cambio del reconocimiento del nuevo reino de Italia.
Por otro lado, un republicano mazziniano, Giuseppe Garibaldi, emprendió la conquista del sur, en el Reino de las Dos Sicilias, con un ejército que consiguió el apoyo popular. Para no dividir el movimiento nacionalista, Garibaldi renunció a la perspectiva republicana y cedió a Víctor Manuel II las conquistas realizadas, reconociéndole como rey de Italia (1861).
La unidad se completó con la anexión del Véneto (1866) tras derrotar a los austriacos, y la conquista de los Estados Pontificios (1870) a pesar de la oposición del Papa, que quedó recluido en el Estado del Vaticano.
El nuevo Estado tuvo que enfrentarse a tres grandes problemas:
· la hostilidad del Papado
· el contraste entre un norte industrializado y un sur agrario y atrasado
· el carácter incompleto de la unidad, pues Istria y Trento permanecían bajo dominio austriaco.
Os dejo un vídeo sobre la unificación italiana:
pedroangel.bernal@murciaeduca.es
Mostrando entradas con la etiqueta Nacionalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nacionalismo. Mostrar todas las entradas
jueves, 13 de noviembre de 2014
UNIFICACIÓN DE ALEMANIA
Desde finales del siglo XVIII, los componentes culturales del nacionalismo alemán quedaron establecidos por los filósofos Herder y Fichte, y fueron reforzados con el romanticismo. La afirmación de la existencia de un ser propio del pueblo alemán convivió con la presencia de núcleos liberales y democráticos que reclamaban la construcción de una nación basada en la voluntad de los ciudadanos. Con estas bases ideológicas se inició un proceso que conduciría a la formación del Estado-nación alemán.
El Congreso de Viena había establecido la Confederación germánica, que aglutinaba 39 Estados, con la presencia de dos poderosas potencias, el reino de Prusia y el Imperio austriaco. El primer paso hacia la unificación fue la creación del Zollverein o Unión Aduanera (1834), que estableció un mercado de libre circulación comercial formado por 26 millones de personas. En el Zollverein se integró Prusia, pero no Austria, y empezó a evidenciarse que sería Prusia el Estado que dirigiría el proceso unificador.
Durante la revolución de 1848, los sectores liberales y democráticos consiguieron formar un Parlamento en Frankfurt, con representantes de los distintos Estados elegidos por sufragio universal, que ofreció la Corona de la posible Alemania unificada al rey de Prusia, Federico Guillermo IV. Pero la monarquía prusiana rechazó la oferta y cualquier vía democrática hacia la unificación e impuso la estrategia del canciller Otto von Bismarck (1862): Prusia dirigiría la unificación a partir de su supremacía económica y militar. Esta estrategia comportó una primera guerra con Dinamarca (1864), por la que se anexionó los ducados de Schleswig y Holstein, y otra contra Austria, a la que derrotó en 1866. Por último, una guerra contra Francia (1870-1871) permitió cohesionar los Estados germánicos contra un enemigo común, al que derrotó en Sedán.
La victoria militar culminó con la proclamación del Segundo Reich y de Guillermo I como emperador (1871). La unidad se tradujo en una estructura confederal con el dominio de Prusia, que imprimió una ideología conservadora y militarista al nuevo Estado. Asimismo, la unificación dejó por resolver dos importantes cuestiones: la dualidad religiosa entre el luteranismo del norte y el catolicismo del sur, y el carácter inacabado de la unificación al no integrar a los alemanes de Austria, frustrando la consecución de la Gran Alemania
El Congreso de Viena había establecido la Confederación germánica, que aglutinaba 39 Estados, con la presencia de dos poderosas potencias, el reino de Prusia y el Imperio austriaco. El primer paso hacia la unificación fue la creación del Zollverein o Unión Aduanera (1834), que estableció un mercado de libre circulación comercial formado por 26 millones de personas. En el Zollverein se integró Prusia, pero no Austria, y empezó a evidenciarse que sería Prusia el Estado que dirigiría el proceso unificador.
Durante la revolución de 1848, los sectores liberales y democráticos consiguieron formar un Parlamento en Frankfurt, con representantes de los distintos Estados elegidos por sufragio universal, que ofreció la Corona de la posible Alemania unificada al rey de Prusia, Federico Guillermo IV. Pero la monarquía prusiana rechazó la oferta y cualquier vía democrática hacia la unificación e impuso la estrategia del canciller Otto von Bismarck (1862): Prusia dirigiría la unificación a partir de su supremacía económica y militar. Esta estrategia comportó una primera guerra con Dinamarca (1864), por la que se anexionó los ducados de Schleswig y Holstein, y otra contra Austria, a la que derrotó en 1866. Por último, una guerra contra Francia (1870-1871) permitió cohesionar los Estados germánicos contra un enemigo común, al que derrotó en Sedán.
La victoria militar culminó con la proclamación del Segundo Reich y de Guillermo I como emperador (1871). La unidad se tradujo en una estructura confederal con el dominio de Prusia, que imprimió una ideología conservadora y militarista al nuevo Estado. Asimismo, la unificación dejó por resolver dos importantes cuestiones: la dualidad religiosa entre el luteranismo del norte y el catolicismo del sur, y el carácter inacabado de la unificación al no integrar a los alemanes de Austria, frustrando la consecución de la Gran Alemania
Etiquetas:
Alemania,
Nacionalismo,
T02. Liberalismo
lunes, 10 de noviembre de 2014
NACIONALISMO
Las revoluciones liberales desarrollaron el concepto de nación, que se definía como el conjunto de ciudadanos ligados por una historia, una lengua y una cultura común y por la voluntad de regirse por las mismas leyes e instituciones.
El mapa europeo, tras el Congreso de Viena, fijaba 6 Estados, 3 imperios y más de 30 comunidades culturales sin Estado, destacando la alemana y la italiana.
En algunos países (Portugal o Dinamarca), la nación se correspondía con el Estado, y en otros (España, Francia o Gran Bretaña), el Estado incorporaba diversas nacionalidades.
Alemania e Italia se hallaban divididos en diversas entidades políticas y los nacionalistas deseaban unir en un solo Estado todos los territorios.
En los imperios austriaco y turco movimientos nacionalistas polacos, húngaros, checos y griegos buscaban la independencia.
Primeros movimientos nacionalistas
Grecia inició una insurrección independentista que recogía el rechazo de la población al dominio político, cultural y económico turco. En 1822, en el Congreso de Epidauro se reunieron representantes de toda Grecia para proclamar su independencia, no aceptada por Ios turcos hasta 1829. La ayuda de Francia, Gran Bretaña y Rusia, para debilitar al Imperio otomano y conseguir la libre circulación por el Bósforo, fue decisiva.
Bélgica se independizó de los Países Bajos tras una guerra civil contra los holandeses. En 1831 se formó un gobierno provisional reconocido por las grandes potencias y que, con su ayuda, se impuso al ejército holandés. La monarquía constitucional belga fue reconocida por Holanda en 1839.
La "primavera de Los pueblos"
La revolución de 1848 tuvo un importante contenido nacionalista en el Imperio austriaco, ya que una insurrección, conocida como la "primavera de los pueblos" iniciada en Viena ese año provocó la caída de Metternich, la elección de una Asamblea Constituyente mediante sufragio universal, la abdicación del emperador y la emergencia de movimientos nacionalistas en Praga, Polonia y Croacia, que reclamaban su identidad, el respeto a la diversidad lingüística y cultural y la igualdad de derechos entre los distintos pueblos. En la Lombardía y el Véneto se reclamó la retirada de los austriacos y Hungría proclamó su independencia, iniciando una guerra con Austria, que no la aceptó.
Aunque todos estos movimientos fueron derrotados, el Imperio austriaco debió introducir reformas estableciendo un sistema liberal moderado, con sufragio censitario. Además, la presión nacionalista consiguió provocó que en 1867 el Imperio se convirtiera en una monarquía dual, con dos Estados, Austria y Hungría, unidos por una persona, el emperador de Austria y el rey de Hungría.
El mapa europeo, tras el Congreso de Viena, fijaba 6 Estados, 3 imperios y más de 30 comunidades culturales sin Estado, destacando la alemana y la italiana.
En algunos países (Portugal o Dinamarca), la nación se correspondía con el Estado, y en otros (España, Francia o Gran Bretaña), el Estado incorporaba diversas nacionalidades.
Alemania e Italia se hallaban divididos en diversas entidades políticas y los nacionalistas deseaban unir en un solo Estado todos los territorios.
En los imperios austriaco y turco movimientos nacionalistas polacos, húngaros, checos y griegos buscaban la independencia.
Primeros movimientos nacionalistas
Grecia inició una insurrección independentista que recogía el rechazo de la población al dominio político, cultural y económico turco. En 1822, en el Congreso de Epidauro se reunieron representantes de toda Grecia para proclamar su independencia, no aceptada por Ios turcos hasta 1829. La ayuda de Francia, Gran Bretaña y Rusia, para debilitar al Imperio otomano y conseguir la libre circulación por el Bósforo, fue decisiva.
Bélgica se independizó de los Países Bajos tras una guerra civil contra los holandeses. En 1831 se formó un gobierno provisional reconocido por las grandes potencias y que, con su ayuda, se impuso al ejército holandés. La monarquía constitucional belga fue reconocida por Holanda en 1839.
La "primavera de Los pueblos"
La revolución de 1848 tuvo un importante contenido nacionalista en el Imperio austriaco, ya que una insurrección, conocida como la "primavera de los pueblos" iniciada en Viena ese año provocó la caída de Metternich, la elección de una Asamblea Constituyente mediante sufragio universal, la abdicación del emperador y la emergencia de movimientos nacionalistas en Praga, Polonia y Croacia, que reclamaban su identidad, el respeto a la diversidad lingüística y cultural y la igualdad de derechos entre los distintos pueblos. En la Lombardía y el Véneto se reclamó la retirada de los austriacos y Hungría proclamó su independencia, iniciando una guerra con Austria, que no la aceptó.
Aunque todos estos movimientos fueron derrotados, el Imperio austriaco debió introducir reformas estableciendo un sistema liberal moderado, con sufragio censitario. Además, la presión nacionalista consiguió provocó que en 1867 el Imperio se convirtiera en una monarquía dual, con dos Estados, Austria y Hungría, unidos por una persona, el emperador de Austria y el rey de Hungría.
sábado, 8 de noviembre de 2014
domingo, 2 de noviembre de 2014
LIBERALISMO Y NACIONALISMO
Os dejo una presentación de esta época:
Etiquetas:
Nacionalismo,
ppt,
T02. Liberalismo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)